Siete mujeres entran por la puerta casi al mismo tiempo. Azucena sigue acomodando la mercadería estante por estante, hasta terminar por el más alto. Separa los colores: rojo, azul, verde y gris. La nueva temporada de invierno está a punto de empezar.
Una señora me toma el tobillo, desesperada, grita el nombre de su hija.
- ¡Robertita, vení!
- ¡Soltáme, loca frenética! ¿Cómo me vas a agarrar así?
Azucena intenta calmar la situación.
- ¿Vos sos Roberta? Creo que te llama tu mamá.
La tensión entra en su punto máximo cuando Roberta intenta una y otra vez explotarme la cintura.
En el salón ya son veinte mujeres buscando dónde gastar plata.
- Lo que no me gusta es el color. ¿En azul no lo tenés? - dice una chica insulsa de un metro noventa.
- ¿Y a vos en violeta no te tienen, flaca? No, no tenemos en azul. Decile, Azucena, decile que sólo hay en amarillo, si no le gusta que se vaya.
Y decile a Roberta que me va asfixiar si no me suelta.
Y a Carlos, ese tipo que está ahí parado que deje de mirarme. Que a su secretaria le compre una pollera mejor, que a mí no me joda.
- Azucena, ayudame. Las chicas que están ahí ya me miraron de arriba abajo. Habíamos quedado en otra cosa, no me hagas esto. Azucena, ¿qué estás haciendo?
- Pará, pará un poco, ¿qué hacés? ¿te volviste loca? Soltame, nena.
Desde el cuartito del fondo saca un canasto y un Blem para el brillo. Marcador indeleble en la cartulina: ¡Liquidación de verano! Llévese todo por 20 pesos.
Me toco a ver si alcanzo a abrigar a alguien. No planchar, no lavar en caliente, blá blá blá, blá blá blá…talle 2…seda natural. ¿Seda natural?
Ahí vuelve Roberta. Me toma por atrás.